LIDERAZGO Y ORGANIZACIÓN
Este artículo esta destinado al mejor desempeño de la militancia NS y NR. No se trata de una receta infalible ni, mucho menos, de la última palabra dicha al respecto. Tampoco pretendemos hacer un erudito trabajo de investigación. Simplemente haremos un rápido análisis sobre esta temática basándonos en nuestra propia experiencia y capacidad de observación.
Ahora bien, hasta la fecha, dicha experiencia se ha limitado a nuestra pasada participación en grupos juveniles que, si bien son potencialmente muy activos, carecen de una buena preparación ideológica y resultan difíciles de cohesionar. Se trata de grupos semi-anárquicos que se encuentran en un estadio medio entre lo que sería una simple “tribu urbana” y una verdadera organización política. Sin embargo, nuestra anterior militancia en dichos grupos nos ha demostrado que si bien no es fácil, no solo resulta posible encaminarlos hacia la verdadera lucha revolucionaria, sino también que vale la pena hacerlo, ya que estos grupos están compuestos por jóvenes altamente combativos y ávidos de militancia siempre y cuando se los sepa concienciar en la verdadera naturaleza de nuestro ideal y sean conducidos con habilidad.
Así este trabajo, como podrá verse a continuación, girará muchas veces sobre temas signados por la inmadurez propia de agrupaciones juveniles que tienden a la organización revolucionaria sin tener ningún tipo de experiencia política previa. Se trata de un camino que dichos grupos hacen al andar y en el que nosotros mismos hemos participado y, en cuanto a este tema, nos hemos formado.
El problema de estos grupos generalmente no radica en la voluntad, sino en una ignorancia que les impide ver con acierto la realidad que les rodea, pero es esto último responsabilidad fundamental de los líderes, ya que deberían ser ellos quienes tendrían que hacer que sus organizaciones se aboquen de lleno a la verdadera lucha revolucionaria, porque ser NS no significa limitarse a llevar un “estilo de vida”, ni a soportar nuestro paso por este mundo decadente encerrándonos en grupos sectarios... ser NS significa luchar por la victoria de la revolución echando mano a todos los medios que resulten redituables a la causa y esto solo se entiende cuando se ha madurado lo suficiente como para comprender con lucidez cuales son los caminos correctos para allanar el camino hacia la victoria.
Hecha esta breve aclaración esperamos que, desde esta humilde postura, este escrito sea de utilidad para el conjunto de los camaradas (especialmente los jóvenes) y sus respectivas organizaciones.
Del Líder
En toda organización NS o NR que se precie de tal, la función del liderazgo será determinante.
En primer lugar debemos tener en cuenta lo siguiente: el liderazgo es una ciencia y un arte, ambas cosas al mismo tiempo.
La parte “científica” del liderazgo corresponde al conocimiento de una serie de condiciones previas típicas y afines a todo grupo de trabajo. El líder deberá saber trazar una media en el comportamiento grupal de sus subordinados. También esta parte “científica” tiene que ver con el tipo de liderazgo que se ejerza, ya que no serán los mismos basamentos los que regirán a un líder político que a un líder militar, religioso, comercial, mafioso o pandillero. Cada uno de estos liderazgos pivotea sobre reglas distintas, es decir, el líder ejercerá su función según las características y los fines de estos diversos campos u organizaciones (en esto, “líder se hace”)
La parte “artística”, en cambio, no se circunscribe a formas racionales sino a la intuición, la capacidad creativa, el “don de gentes”, el carisma y a la acertada adaptación a circunstancias inesperadas mediante actos reflejos signados por el buen sentido del líder (en esto, “líder se nace”.)
En este trabajo nos limitaremos, por ser el tema que nos incumbe, al liderazgo político revolucionario, pero antes conviene aclarar que cosa es la política... y lo haremos del siguiente modo:
La política es lo que nos permite a los seres humanos alimentarnos, vestirnos, cobijarnos, defendernos, vivir de forma civilizada, avanzar culturalmente y organizarnos de manera tal que nos sea posible progresar como género. El común de la gente piensa erróneamente que la política se circunscribe únicamente a una clase determinada que, de manera institucional, se dedica a los menesteres públicos. En esta afirmación hay una marcada mediocridad, porque la política nos incumbe a todos, mas allá de que uno sea funcionario o no y mucho mas allá de que exista o no el sufragio universal y la supuesta “democracia” que rige el actual mundo occidental, porque en cada pequeño acto cotidiano que hacemos en nuestras vidas estamos haciendo política. Para subsistir necesitamos de la política, el consumir es política, el producir es política, formar una familia es política, construir un edificio es política, educar es política, curar es política, hasta la misma guerra es política y en la vida civilizada todo es causa y efecto de la política. Es por eso que nos resulta inevitable el sentir un enorme desprecio por quienes se consideran al margen de la política. Los pueblos nunca están al margen de la política, aun en los regímenes más autocráticos la política reposa en el conjunto del pueblo. ¿Cómo podría vivir de manera digna el individuo sin una sociedad que imponga reglas de convivencia mediante sus leyes y sus líderes? Y ¿de qué forma se organiza una sociedad sino es mediante la política? Ningún hombre que pretenda desarrollarse como tal puede vivir al margen de la sociedad. Hasta los mismos anarquistas, en su delirio, hacían política. Sin política no existiría la sociedad organizada y sin sociedad organizada viviríamos matándonos a palos en las cavernas. Las personas pueden elegir ser partícipes activos de la política o ser meros instrumentos de ella, pero nunca podrán librarse ni mantenerse al margen de la misma. Así es que, en realidad, cuando alguno dice “soy apolítico”, debería decir: “soy un imbécil y, como tal, no puedo aportar nada de importancia a la sociedad en la que vivo y de la que vivo, la verdad es que soy un parásito al margen de la historia y no soy dueño de mi destino”
Hecha esta breve aclaración, volvamos al tema.
Si el liderazgo ya de por sí es una función difícil y compleja, el liderazgo político revolucionario lo es aún más. Porque el líder político revolucionario no se impone mediante una institución (líder militar), una empresa (líder laboral) o por la fuerza bruta (líder mafioso o pandillero), sino por la confianza que sus seguidores delegarán voluntariamente en su persona. El líder revolucionario deberá ganarse esa confianza y tendrá que mantener el mejor equilibrio posible entre “ser” y “saber”, esto es, entre su voluntad y su conocimiento. Deberá tener un completo conocimiento de los problemas que pretenda solucionar y una férrea voluntad y una clara elocuencia para poder poner las voluntades de los demás detrás de la suya. Un líder revolucionario no puede ser ignorante como tampoco puede ser haragán, pero eso no es todo, también debe ser valiente, leal, disciplinado y, por sobre todo, debe creer en lo que dice y actuar en consecuencia. También, muy importante, debe saber hablar.
El líder revolucionario tiene que ser, ante todo, una persona idealista. No puede perseguir ambiciones personales sin anularse a sí mismo, porque el liderazgo político revolucionario se apoya en la más auténtica vocación de servicio. Es decir, aquél que pretenda tener una función de liderazgo con el único fin de satisfacer su ego no debe enfrascarse en el campo del liderazgo político sino en algún otro más afín a su mediocre ambición ya que, inevitablemente, será descubierto. Solo puede ser un verdadero líder revolucionario aquel que actúe sinceramente como primer servidor de la causa.
La ambición es una característica inherente a la propia vida de los hombres, es decir, la ambición no es mala en si misma, pero el tema es que hay distintos tipos de ambición. Así, la ambición egoísta no es igual a la ambición altruista, porque entre ambas hay un trecho infinito que las separa y esto bien lo perciben los hombres. La ambición puramente egoísta es propia de las personas mediocres o malas, la ambición altruista, en cambio, pertenece a los hombres superiores. La sociedad es fruto de los hombres, son los hombres los que hacen a la sociedad y no la sociedad a los hombres. Así, todo lo bueno que nos da nuestra cultura es fruto de todo lo bueno que hicieron aquellos hombres que tuvieron ambiciones altruistas, todo lo malo de nuestra sociedad, en cambio, se debe a la ambición egoísta de los hombres malos que quieren el poder por el poder mismo y a la misma ambición egoísta de la gran masa de mediocres que solo se preocupan de su ombligo, “estando” y no “siendo”.
No todos los hombres son buenos, ningún ser humano es igual a otro y los verdaderamente buenos son minoría (porque ser “bueno” no implica únicamente “no hacer el mal”, sino tener la capacidad de hacerlo y, aún así, abstenerse de ello.)
La sociedad debe verse como una inmensa mayoría de crédulos ignorantes que puede ir tanto para el mal como para el bien según cual de los dos extremos detente la mayor voluntad de poderío. Solo las personas de gran inteligencia y voluntad son artífices de su destino y, eventualmente, del destino de los demás... pero ser inteligente y voluntarioso no implica ser necesariamente bueno, es decir, hay gente que tiene ambos atributos y es realmente mala.
Sabemos muy bien que los conceptos de bueno y malo resultan escabrosos, ya que parten de la moral y, por lo tanto, pueden resultar relativos, pero aun así usaremos estos términos y lo haremos justamente desde nuestra moral nacionalsocialista. En esto seremos claros y no nos andaremos con complicaciones de corte abstracto, porque si no tenemos unas varas de medir no podemos pretender que las cosas mejoren y, además, nosotros luchamos por una cosmovisión, una forma nueva de ver al mundo y, por lo tanto, también poseemos una nueva moral. Así es que llamaremos buenos a aquellos que tengan una voluntad de poderío altruista y malos a aquellos que tengan una voluntad de poderío egoísta. Esto en cuanto a nuestro análisis, que únicamente se circunscribe, como bien dice el título del presente escrito, al liderazgo y la organización.
Recién afirmamos que un líder revolucionario no puede perseguir metas tendientes a satisfacer su ego si anularse a sí mismo, pero aún así hay muchas personas mediocres que se valen de la farsa, las intrigas y el engaño para lograrlo. Cuando estas personas no pueden ser líderes por ellos mismos debido a que carecen de la capacidad necesaria para tal fin, es que devienen en “chupamedias” del auténtico líder. A este fenómeno lo llamaremos “moquismo”, por ser este término patronímico de “moco”, el alias de esteban d’alessandro, un personaje al que hemos conocido y al que utilizaremos como ejemplo de intrigante y anti-líder por excelencia.
Como decíamos, solo es dueño de su destino aquel que posee inteligencia y voluntad y que estas cualidades no presuponen necesariamente que una persona sea buena. Como para hacer el bien, para hacer el mal con éxito también hace falta inteligencia y voluntad. Hacer el mal a una comunidad u organización es, por ejemplo, valerse de un liderazgo para enriquecerse o adquirir poder por el poder mismo. Como ejemplo de esto último tenemos en la Argentina al ex presidente Menem, que uso su liderazgo primero partidario para revertir la voluntad política del peronismo y usó luego su liderazgo como presidente de la nación para enriquecerse y adquirir poder a costa de la totalidad de la comunidad que gobernaba. Para esto también hace falta inteligencia y voluntad y, mas allá del asco que nos produzca este siniestro personaje, Menem tuvo ambas cualidades.
El caso del “moquismo”, en cambio, es paradójico. Este extremo diametralmente opuesto e infinitamente lejano al caso anterior, generalmente surge de las capas más bajas de la sociedad, se trata de individuos marginales, resentidos y acomplejados que, al saberse inferiores y menos capaces que la media, se valen de las intrigas y la obsecuencia para adquirir un poder que, por más pequeño e insignificante que sea, les permita sentirse importantes y menos inservibles. De esta gente debe tener especial cuidado el verdadero líder revolucionario y, por extensión, toda la organización, porque su metodología se basa en una astucia muy refinada. Mientras el líder está ocupado en acrecentar el movimiento, en llegar al común de la gente, en beneficiar a la causa que lo anima a él y a la organización, los moquistas solo se dedican a simular una condición que no les pertenece. No pueden ver, desde su chatura espiritual, que el líder esta realmente al servicio de la causa y ven, por lo tanto, en el líder un poder que ellos quisieran tener con el único fin de vanagloriarse a ellos mismos. Para un moquista es imposible comprender que alguien tenga ideales, porque solo son idealistas las personas superiores y los moquistas son justamente lo contrario, por eso no ven en el líder una vocación de servicio sino un poder que ellos envidian. Para el líder revolucionario, en cambio, el poder es tan solo un medio y nunca un fin en sí mismo. Esto último es importante repetirlo una y otra vez porque lamentablemente a los pueblos con mayoritaria sangre latina (en el mejor sentido de la palabra, no nos referimos a los supuestos “latinos” de sangre indígena) nos aqueja el problema de la indisciplina. Es un hecho innegable que los pueblos europeos meridionales, si bien son altamente creativos, se caracterizan por ser muy individualistas, si bien mucho mas sociables en el trato personal que los pueblos germanos, altamente individualistas en el sentido de que, en promedio, su gente no quiere ser nunca “soldado” sino siempre “general”.
Para aclarar estas consideraciones pasaremos a delinear el accionar propio de este fenómeno:
Primero: El moquista es obsecuente, el “alcahuete” numero uno del líder. Tratara por todos los medios de endulzarle los oídos y de ganarse su confianza para así poder intrigar a gusto. El líder jamás debe caer en este juego, así que, regla numero uno: el líder debe desconfiar siempre de los obsecuentes y “chupamedias”. (Aunque hiera el amor propio, el líder deberá aprender a apreciar más la sinceridad y el coraje de quien lo critica de frente y sin malas intenciones que a quienes solo tienen palabras de elogio para con él.)
Pero la cosa no es tan sencilla, el moquista suele ser exageradamente militante y esto lo hace en función de su astuta estrategia, de esta manera suele ganarse la confianza del líder, que a pesar de darse cuenta de lo endeble del intelecto y, por ende, de la convicción política del moquista, sobre todo, por ejemplo, cuando hace planteamientos estúpidos sacados de la televisión, piensa que el chupamedias realmente esta anímicamente convencido del ideal en función de su exagerada militancia (obsecuencia indirecta), aquí el líder no debe equivocarse, así que, regla número dos: El líder no debe pasar por alto la incongruencia de un tipo que milite exageradamente cuando al mismo tiempo no entiende, para nada, de que se trata la lucha. Lo que rápido se infla, rápido se desinfla.
Segundo: El moquista actúa como una vieja chismosa, es intrigante, “lleva” y “trae” con el fin de disociar, a la larga, al líder del resto de la organización. Esto lo hace en función del terrible odio y envidia que, desde su complejo de inferioridad, siente hacia la posición de “poder” del líder. Irá con cuentos de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba y lo hará de forma convincente y con cara de persona honesta y afligida porque, si bien este tipo de gente es intelectualmente muy débil, suple esta falencia con la astucia. Así que, regla número tres: El líder debe eliminar, de forma inmediata, todo atisbo de “chismorreo” en la organización y esto se logra solo de una manera: separar del grupo, sin contemplación alguna, a los chismosos e intrigantes.
Tercero: Si el líder llega a este punto en función de haber infligido las reglas anteriormente citadas, el moquista prácticamente ya habrá cumplido su objetivo, que es solo uno: Derribar al jefe. Una vez caído el líder como consecuencia de las intrigas del moquista, la organización quedará disuelta en brevísimo tiempo, ya que el moquista no tiene capacidad alguna de liderazgo político ni ideal que lo anime. El líder tendrá como única alternativa revertir todo el daño que se hizo a la organización poniendo en evidencia al intrigante y esto solo lo podrá lograr con similar astucia, pero no con los mismos métodos (en el caso de esteban d’alessandro, su hora le llegó muy poco tiempo después, en un concierto de RAC donde fue literalmente echado a patadas a la calle... actualmente esta lacra social, que es incapaz de lograrse el sustento por propios medios y vive de las dádivas del Estado, ha devenido en “peligroso” antifascista que basa su activismo en amenazas vía teléfono e Internet) Regla número cuatro: si bien el tiempo pone a cada uno en su lugar y según su “talla”, nuestras organizaciones no pueden darse el lujo de perder tiempo en estos asuntos, para evitar esto la mejor prevención es el trabajo duro, cuando un grupo no milita lo que tiene que militar, el tiempo sobra, se habla de más y es así que nacen las intrigas, que son el caldo de cultivo mas propicio para el accionar de los resentidos.
Ahora vayamos a las cualidades y virtudes que debe tener el líder revolucionario, a continuación daremos 18 puntos al respecto, obviamente con ellos no agotaremos, ni de lejos, el tema... por lo que invitamos al lector a agregar todos aquellos puntos que considere pertinentes para su propio análisis:
1. Como decíamos, para tener éxito el líder revolucionario debe transmitir con los hechos su absoluta entrega a la causa. No vale con sólo tener el sentimiento, sino también hacerlo ver mediante el ejemplo. Un verdadero líder no puede exigir a sus subordinados que realicen actividades que él mismo no esta dispuesto a realizar.
2. El líder debe ser leal, cortés y respetuoso para con sus camaradas a cargo. Aquél que se dirija de manera despótica a los integrantes de la organización como si fuese el sargento de un pelotón de conscriptos no durará mucho como líder de una organización revolucionaria. Por el contrario, el líder deberá ganarse la confianza de sus seguidores, ya que la subordinación, en este caso, es únicamente voluntaria. Para ello el líder deberá darles una auténtica participación a los militantes de la organización y saber escuchar sus consejos, iniciativas y hasta desacuerdos. En esto debe ser objetivo y dejar todo orgullo de lado, si bien el líder deberá mantener una posición que le permita solo a él tomar las decisiones de importancia, debe aceptar para sus adentros cuando se equivoca y remediar el error al instante para así no perjudicar a la organización o la causa. Para evitar estos errores y el consecuente desprestigio que estos pueden acarrearle, el líder no debe tomar ninguna decisión de forma apresurada, salvo que la situación lo obligue a ello. En caso contrario, el líder antes de tomar una decisión y si tiene dudas sobre ella, deberá convocar a sus hombres de mayor capacitación y confianza y pedirles consejo, escuchándolos con atención y de manera, como dijimos, objetiva y desapasionada. De esta forma vera el panorama de manera más amplia y dará el sentimiento a sus subordinados de una real participación en la empresa, lo que beneficiará al desempeño de todo el grupo. Si los militantes de la organización no se sienten partícipes de la lucha y las decisiones de la organización a la que pertenecen, estos se irán desanimando. En esto el líder deberá atender aquel dicho que dice “Dios nos dio dos orejas y una boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos”. Pero el líder jamás deberá ceder en su derecho de tener la última palabra, y esto último debe ser inculcado en la organización desde el vamos. El “principio del líder” está en la esencia misma de nuestra cosmovisión y quien pretenda rebelarse a dicho pilar no esta realmente de nuestro lado y debe ser apartado sin miramientos de la organización.
3. El buen líder no puede pretender tener siempre la razón en todo. Si bien debe dar la impresión en sus subordinados de tal condición mediante el accionar, no debe enfrascarse en todas las conversaciones queriendo tener siempre la razón porque, tarde o temprano, terminará mal. Un hombre no puede ser erudito en todo. Si se habla en una reunión de un tema sobre el cual el líder no tiene conocimientos, este simplemente debe abstenerse de hacer comentario alguno y limitarse a escuchar. Solo debe intervenir cuando está seguro de lo que dice. Hemos visto y vivido situaciones realmente penosas en líderes que se han enfrascado por puro orgullo en discusiones, por ejemplo, sobre historia o economía, quedando muy mal parados y desacreditados. Lo peor de todo es que, ante tal situación, también hemos observado que los mismos se han puesto nerviosos y mediante la fuerza verbal han querido mantener sus posiciones erradas, lo que aun complicaba mas las cosas. Repetimos, si el líder no esta seguro de lo que va a decir, lo mejor será que se abstenga de intervenir. Y si le preguntan su opinión sobre algún tema que desconoce, la forma más elegante de salir del paso es decir la verdad: “desconozco ese tema” y a otra cosa. Esto será visto con buenos ojos por los presentes, ya que ese tipo de sinceridad demuestra grandeza y verdadera seguridad en uno mismo. Son justamente las personas ignorantes quienes pretenden paliar su inseguridad con la arrogancia y la violencia discursiva.
4. Si bien dijimos que el líder revolucionario debe ser leal, cortés y honesto con sus subordinados esto no debe implicar, bajo ningún concepto, que el líder entable amistad con sus camaradas a cargo. Esto, que puede parecer duro, resulta completamente necesario para que el líder mantenga en buena forma su posición como tal, ya que la amistad implica “abrirse” ante el otro, mostrando así, las propias debilidades y temores. Ningún hombre, hasta los más fuertes y valientes, se libra de tener alguna debilidad o temor. Quien diga lo contrario miente o esta loco. A pesar de esto, el líder, y mucho mas un líder NS o NR, deberá mostrarse como un ser sin debilidad ni temor alguno, porque en la militancia NS y NR justamente abundan los peligros y el líder debe dar tranquilidad y confianza a sus subordinados. Por eso el líder revolucionario es, ante todo, una persona solitaria. Él mismo deberá aprender a convivir con dicha soledad y ser lo suficientemente fuerte como para afrontar dicha condición. El coraje no esta en la supuesta ausencia del miedo, que es un instinto natural, sino en superarlo.
5. El líder debe mantener sin mancha su honor, más aun cuando su honor haya sufrido una afrenta en la propia organización. Las personas son muy puntillosas en este asunto, así que, si el líder sufre una afrenta por parte de otro camarada y no se reivindica, en el inconsciente colectivo de sus subordinados se comenzará a gestar la idea de que el líder es débil o cobarde. Y en esto último es importante aclarar lo siguiente: lo que para las personas superadas no constituye un insulto si puede serlo para las personas comunes. Hay que tener en cuenta que las aglomeraciones van en sentido opuesto a la inteligencia, el hombre masa se caracteriza por no usar la mente sino únicamente la pasión. En las personas masificadas cobra sentido aquel dicho que dice “el que calla otorga”, por lo que el líder deberá reivindicarse de toda afrenta interna, así le resulte tedioso, y tomar cartas en el asunto, de forma en que quede claro su superioridad y evitando siempre, en lo posible, irse a las manos (mas adelante explicaremos el por qué de esto último) Si la afrenta es muy grande, lo mejor será alejar al componente inadaptado, porque allí hay gato encerrado. Así que, en función a todo esto el líder deberá estar atento a no permitir ningún tipo de afrentas dentro de la organización ya que tal cosa amenaza su posición y demuestra una total indisciplina y descontrol pero, por otro lado, si el líder revolucionario logra tener la capacidad de hacerse conocido en el mundo exterior, allí deberá hacer gala de la virtud opuesta, esto es, el estoicismo, ya que la prensa judaica vomitará mil calumnias sobre el y su causa. Esto es completamente inevitable para el líder NS o NR y si en ese ámbito el líder se pone histérico y exige reparación por cada injuria que reciba por parte de los medios de difusión, no hará mas que el ridículo y entrará en un peligroso terreno. Aún así, si la injuria es muy subida de tono, es recomendable que inicie una demanda, aunque sea como gesto simbólico, pero nada más, esto solo quedará limitado a casos de calumnias muy graves. En el resto, el líder deberá aguantar y resignarse a ser humillado y vilipendiado por sus enemigos sin que se le mueva un pelo, en esto último el líder revolucionario deberá ser frío como el hielo y desmentir con los hechos (a los que deberá hacer lo mas público posible) las calumnias con las que es atacado.
6. El líder debe ser una persona económicamente solvente. No es necesario que sea una persona adinerada, pero bajo ningún concepto debe estar imposibilitado de mantenerse a él mismo con su propio dinero. Si vive solo y no tiene familia bastara con que viva de forma honesta, así sea entre cuatro paredes, pero si tiene familia deberá asegurarle una vida digna a su mujer y a sus hijos. De otro modo el líder sería incongruente con nuestra Cosmovisión. Sabemos que la desocupación es un flagelo en nuestra sociedad, pero si el Líder se encuentra realmente acorralado por el destino de manera tal que no puede bastarse a sí mismo y, mucho más grave aún, si no puede dar un sustento mínimamente digno a su familia, lo más acertado es que abandone toda ambición de liderazgo y se dedique exclusivamente a pelear por revertir tan terrible situación. Poca autoridad moral tendrá, además, quien pretenda organizar la vida de los demás cuando no ha podido organizar la propia.
7. El líder revolucionario debe ser una persona culta. Debe tener un concepto claro de la Cosmovisión por la que lucha. Ser culto no implica necesariamente poseer títulos universitarios. Nuestros referentes más importantes fueron autodidactas. Aún así, si el líder suma a sus conocimientos autodidácticos algún titulo universitario será aún mejor. Igualmente mantenemos que el título no hace a la persona, sino su capacidad. No puede ser un Líder revolucionario aquél que odia los libros y no lee ni el diario. El líder revolucionario debe comprender de forma amplia y profunda nuestra Cosmovisión y también debe saber ubicarse en tiempo y forma en los hechos que ocurren en el mundo. ¿De que forma sino transmitiría nuestro ideal? En el líder, el conocimiento es absolutamente necesario. El hacer es estéril si no se sabe.
8. El líder revolucionario debe ser una persona de acción. Debe tener un desarrollado sentido de la intuición, ser imaginativo y poseer instinto y buenos reflejos. No puede ser Líder quien carece de una férrea voluntad y una fe ciega en la victoria. El líder debe moverse, no basta con decir, con hablar, con saber... con eso no alcanza, el líder debe también actuar. De nada sirve el saber si no se hace.
9. Las personas ateas y los individuos sin sentido del humor son gente de poca inteligencia, por lo tanto, no están a la altura del liderazgo revolucionario.
10. Las personas inteligentes suelen hacer comentarios irónicos. Sin embargo, el líder debe evitar las ironías en público, porque las personas comunes no entienden de ironías y el líder debe caracterizarse justamente por su elocuencia. Lo que a las personas inteligentes puede resultar un ocurrente sarcasmo para las personas comunes puede ser una idiotez absoluta debido a que no suelen comprender los dobles sentidos. El líder revolucionario debe ser claro en absolutamente todo lo que dice, incluyendo los chistes. No puede utilizar sarcasmos ni ironías, debe hacerse entender siempre y repetir un mismo concepto tantas veces como sea necesario. Un líder no debe hablar jamás en doble sentido, eso es peligroso, máxime en el caso de un líder NS o NR. Por otro lado, el líder debe tener en cuenta que las verdades no están hechas para ser comprendidas por el vulgo, y esto es así porque las verdades justamente están llenas de grises y las masas solo entienden de negros o blancos... esto es, cuando el líder hable a la gente de pueblo no debe referirse a las cuestiones desde lo relativo, sino desde lo determinante. En esto el líder, al encarar una situación, deberá hacer una síntesis que sea fruto de un concienzudo análisis y allí decretar a “malos” y “buenos” porque, repetimos, la gente común no entiende de matices.
11. El líder revolucionario debe ser un gran orador. Deberá saber hablar bien en público, en idioma de pueblo al pueblo y en idioma técnico a los técnicos, cada cosa en su correspondiente lugar.
12. Ningún líder revolucionario puede vivir ajeno a las necesidades más urgentes de su pueblo. Debe saber que cosas quieren y atender a sus reclamos más urgentes. El Líder NS o NR puede tener fines estratégicos a largo plazo, pero no debe dirigir una propaganda que gire alrededor de temas ajenos a los intereses inmediatos de la gente.
13. Un hombre en estado de “enamoramiento” no esta en condiciones de ser líder, en esto se debe pensar como el Martín Fierro cuando decía: “tonto es el cristiano macho cuando se enamora”. Solo podrá ser un buen líder quien haya superado este tipo de etapas de corte típicamente adolescente. Ahora bien, el estar “enamorado” no debe confundirse con el “amar”, ambas cosas son bien distintas. Un hombre puede amar a una mujer o una mujer amar a un hombre y no por eso ambos se verán imposibilitados de ser excelentes líderes. En cambio, los individuos enamoradizos sufren generalmente de patologías relacionadas con la melancolía y este tipo de personalidades son diametralmente opuestas a las condiciones que se requieren para el buen liderazgo. Por otro lado, un hombre que se mortifica por un amor no correspondido tampoco debe ser líder.
14. Un hombre depresivo no puede, ni debe, ser líder.
15. Un verdadero líder revolucionario debe afrontar a los peores problemas con valor y frialdad. En los momentos de crisis es cuando salen a luz las verdaderas cualidades del líder. Un líder NS o NR debe estar dispuesto, literalmente, a lo peor. En la Argentina hemos pasado situaciones difíciles, hemos sufrido el asesinato impune y el encarcelamiento bochornoso de camaradas, todo esto no solo pasa aquí sino también en el resto el mundo blanco. Para los NS’s no hay derechos de ningún tipo, nosotros podemos ser muertos, encerrados, amordazados, amenazados, calumniados, despedidos, humillados, perseguidos y un larguísimo etcétera y todo esto a libertad y discreción y con el apoyo declarado del sistema. Este tipo de cosas, como es lógico, desanima a los débiles y esto es, para nosotros, mucho mejor. Es decir, es común ver mucha gente nueva que ingresa a nuestras filas con una pasión tan desbordante como poco creíble, gente que “grita y no habla, que dice y no hace”, la misma gente que ante el primer problema pone pies en polvorosa y huye despavorida. Esto último para nosotros es positivo, una especie de selección natural de los mejores. Ahora bien, mas allá de esto, dichos momentos se caracterizan por su dureza, porque es terrible que maten o encarcelen a un camarada, es ahí donde el líder debe estar mas firme que nunca, poniendo el pecho ante cualquier eventualidad y tomando las decisiones mas acertadas sin perder nunca la calma. En esos momentos de crisis es cuando el líder debe pagar con su coraje la lealtad de sus subordinados, porque es en esos momentos en que toda la organización se dará vuelta hacia él esperando que hacer. El líder revolucionario nunca, jamás, debe perder la calma. Esta es una condición fundamental e irrevocable para el liderazgo. Será en esos momentos en que el líder mostrara si está o no a la altura de las circunstancias.
16. El buen líder debe evitar siempre, hasta el extremo y salvo que sea en defensa propia, irse a las manos con otro camarada. Es lamentable, pero hemos visto que estas situaciones se han dado demasiado a menudo. En el líder, la reacción violenta dentro de la organización provoca desconfianza en los subordinados y sus consecuencias son demoledoras y muy difíciles de remediar, ya que el líder de esta forma solo demuestra que es emocionalmente débil y desequilibrado, quedando así, muy desprestigiado ante los demás. Por otro lado, en caso de un enfrentamiento directo con el enemigo, el líder deberá ser el primero en batirse porque:
17. El coraje del líder no sólo debe ser anímico, sino también físico.
18. El líder no debe hacerse exageradas esperanzas con respecto a sus subordinados. Es decir, no debe ni confiar ciegamente en ellos ni caer en la paranoia. Como dijimos, es una regla de la naturaleza que los hombres no sean iguales y, partiendo de esto, es así que pueden volverse impredecibles, incluyendo hasta los más “buenos”. Por eso decimos que el líder no debe poner “las manos en el fuego” por nadie. Esto no significa, para nada, que deba disminuir su lealtad hacia sus camaradas, sino que no debe esperar la misma lealtad por parte de ellos. Se trata de una muy sana prudencia. Pero, al mismo tiempo, recalcamos que tampoco debe irse al otro extremo, esto es, la desconfianza absoluta y la paranoia, ya que de este modo, sería peor el “remedio” que la “enfermedad”. La solución a esta problemática es el equilibrio en el líder y la buena formación de los militantes a escala humana (esto último lo trataremos con mas amplitud en el apartado “de la organización”) Atendiendo esta situación, es que el líder debe cuidarse de no delegar mucho a una sola persona o grupo dentro de la organización. El líder deberá cuidar su posición de poder, no por interés propio, como ya lo hemos indicado, sino por el bien de la causa. Para mantener este poder y, con él, la supervivencia de la organización, el líder deberá delegar todas aquellas tareas y funciones que deban delegarse de manera tal que nunca recaiga demasiado poder en pocas manos. Para esto las responsabilidades que han de ser delegadas deben atomizarse, dando cuenta de su accionar al líder cada una por separado. De esta manera la organización se mantendrá ajena a las ambiciones de poder de aquellos individuos que se hayan vuelto o puedan volverse impredecibles y poco confiables. Por otra parte, el líder debe ejercer su función de manera tal que la organización no se vuelva inoperante ante su potencial ausencia. Esto no es sencillo en organizaciones verticalistas como las nuestras, pero debe hacerse, ya que lo importante no es el líder sino la causa. El “principio de liderazgo” es, como dijimos, uno de los pilares esenciales de nuestra cosmovisión, pero es así desde que el líder no es otra cosa que el primer subordinado a la causa. Lo que queremos decir con esto es simple: La organización debe sobrevivir al líder. Para que esto sea posible es el mismo líder quien debe designar a su sucesor para que, en caso de cualquier imprevisto, la organización no caiga con el líder. Esta es una responsabilidad grande y el líder deberá hacerlo con frialdad y desapego, en la elección deberá sopesar las aptitudes de los candidatos de manera objetiva y nunca subjetiva, de forma desapasionada y racional. En la elección deberá tener en cuenta, sobre todo, la lealtad, el auténtico idealismo, la capacidad, la voluntad y el coraje de aquellos que sean candidatos.
De la Organización
Trataremos el tema de la organización revolucionaria desde dos ámbitos complementarios entre sí. Porque no vemos de otra manera la militancia tanto NS como NR. Ambas tendencias son claramente revolucionarias y contrarias a todo aquello que el sistema define como “políticamente correcto”, aunque, como sabemos, una resulte más radical que otra. Se trata de un tema relativamente polémico. La militancia NS es totalmente reprimida por el sistema mediante leyes, violencia, intrigas, infiltraciones, persecuciones, chantajes y demás. La militancia NR es también perseguida por el sistema, pero no al mismo nivel, debido a que las organizaciones NR basan su accionar en el acatamiento a las leyes del sistema con el fin de poder llegar al pueblo y poder insertarse gradualmente en la carrera por la conquista del Estado.
Los NS militantes más ortodoxos suelen rechazar de plano la alternativa NR por considerarla complaciente con el sistema. Los NR, en cambio, afirman que la revolución debe salir de su encierro y encontrarse con el pueblo en la manera que le resulte posible. Los NR consideran que las mismas cosas pueden decirse con otras palabras y que un aparato político es completamente necesario para lograr conseguir el consenso social necesario para que la revolución resulte victoriosa. Los auténticos NR no pretenden engañar al sistema, porque saben perfectamente que el sistema no es tonto, sino jugarles en su propio ámbito. Esto último no quiere decir que todos los NR sean NS o simpaticen con el nacionalsocialismo, los sectores de base de estas organizaciones, cuando dichas organizaciones se han hecho relativamente masivas, no suelen ser necesariamente NS. Aún así, si la cúpula de la organización nacionalrevolucionaria se mantiene fiel a los preceptos NS y, desde una visión realista busca la gradual inserción al ámbito político de su respectiva nación, no hay de qué alarmarse.
Nosotros somos NS y vemos en la militancia NR una posibilidad real, sumamente válida y absolutamente necesaria para allanar el camino a la revolución. Los nacionalsocialistas debemos ser conscientes que apenas 58 años nos separan de la derrota de los nacionalismos revolucionarios en Europa y que eso, en tiempos históricos, es apenas un suspiro... es lógico, entonces, que el sistema nos reprima de forma despiadada. Esto es algo que debemos asumir con todas sus consecuencias, si no estamos conscientes de esto y no estamos realmente dispuestos a arriesgar lo que sea por el triunfo de la revolución es mejor que no atinemos a hacer nada y que vivamos como ovejas. Pero si, por el contrario, somos de los que no se conforman viviendo de rodillas, callando y siendo cómplices, por cobardía, de la esclavitud de nuestros pueblos, no dudaremos en arriesgar todo por la libertad y la victoria... y en esto último no vacilaremos en valernos de todos los medios, incluyendo la astucia, para lograr nuestro fin (todos los medios menos el terrorismo, por ser esto último totalmente opuesto a nuestra cosmovisión y por ser también absolutamente contraproducente para la consecución de la victoria)
El nudo gordiano que aqueja a los militantes NS de posguerra recae en la proscripción que estos sufren por parte del sistema, y esto es así porque el NS no se entiende sin la participación del Pueblo. Para que la revolución sea posible es necesario que esta cale profundamente en el sentir popular, de otro modo no habría revolución alguna. Esto el sistema lo sabe, y por eso se vale de todos los medios que tiene a disposición para acallar a los nacionalsocialistas.
Pero el hecho de que el NS hoy en día no pueda participar abiertamente de la política y que se vea imposibilitado de ejercer todo derecho a la libertad de opinión no quiere decir que la revolución no pueda hacerse. En esto debemos estar a la altura de las circunstancias. Mucha razón tenía Bismarck cuando afirmó que “la política es el arte de lo posible”. Incluso los nacionalsocialistas alemanes de los años ’30 pasaron, en cierto momento, por una situación represiva similar a la nuestra y, en virtud de su capacidad para superarla y hasta burlarse de ella, es que no solo no desaparecieron con dicha represión por parte del Estado y los medios de difusión, sino que se fortalecieron aún más y terminaron por conquistar el poder.
Y es que la revolución nacionalsocialista es de un carácter tan radical que, históricamente, solo puede ser comparada a lo que fue hace 2000 años la revolución cristiana en occidente. Se trata de una forma de ver al mundo diametralmente opuesta la actual y, por lo tanto, solo un sacrificio similar a aquellos cristianos que se martirizaban en los circos romanos puede llevarla a la victoria. Hoy en día, como aquellos primeros cristianos, nosotros también nos vemos obligados a sobrevivir en las “catacumbas”. Pero, repetimos, esta condición no debería sorprender a nadie, ya que es natural que así sea. Por otra parte, en esto debemos tener presente que, como dijera Wilson (ex presidente de EE.UU. y declarado masón), “la represión es la semilla de las revoluciones” Por lo que es justamente esa represión la que nos afirma en nuestra lucha.
En este punto, el lúcido lector podría decir: “esta bien, pero las condiciones sociológicas para la revolución todavía no están dadas” A esto nosotros responderemos de la siguiente forma: Todas las revoluciones que hubo en la historia fueron fruto del accionar de, en primera instancia, las minorías. Nosotros, aunque minoritarios, también somos parte de la sociedad y solo de nuestra voluntad y sacrificio dependen que las condiciones sociológicas se den o no.
Así, por ejemplo, la reforma religiosa en el norte europeo se dio, en primer lugar, como fruto de la voluntad de solo un hombre: Martín Lutero. Fue justamente mediante la total disposición al sacrificio por parte de este hombre que las masas del norte occidental se rebelaron contra el poder de la Iglesia romana. Allí el catolicismo siempre acalló mediante una brutal represión a todo levantamiento contra el Papa, es decir, mediante la represión eclesiástica que se remontaba hacia varios siglos atrás, no parecía que hubiese condiciones sociológicas para tal reforma, pero la voluntad anímica de los pueblos nórdicos tan solo estaba reprimida y no muerta, fue así que, cuando apareció Lutero, con su heroica disposición a ser martirizado por sus ideas (cosa que al final no sucedió por conveniencias políticas) se despertó en las masas todo aquello que se auto-reprimían por una cuestión de supervivencia y temor al poder establecido.
Si tenemos que buscar en la historia ejemplos a seguir en nuestra disposición a la lucha, sólo en los grandes cismas y revoluciones religiosas podremos encontrar un paradigma digno de ser imitado. Únicamente la disposición religiosa al sacrificio y el martirio en pos de una fe puede llevar la victoria a una cosmovisión diametralmente opuesta a la dominante. Además, en otros escritos hemos afirmado que el nacionalsocialismo es mucho más que una simple solución a los problemas políticos y económicos de las naciones, esto lo puso en claro el mismo Adolf Hitler cuando dijo “quien ve en el nacionalsocialismo tan solo un movimiento político no ha entendido nada”.
Es de esta manera que queremos aclarar lo siguiente: la aparente lejanía de la revolución vitalista y superhumanista en occidente no se debe a una supuesta falta de condiciones sociológicas, sino a la constante y aceitada represión ideológica de posguerra. Esta verdad es sencilla de observar, si no hubiera condiciones sociales que permitiesen el advenimiento de la revolución no haría falta que el sistema nos reprima. A los NS no suele llamar la atención el exagerado alarmismo con que el sistema se dirige a nosotros. Cualquier voz que “huela” a fascismo es rápidamente acallada junto a un terrible revuelo por parte de los medios de difusión, y es paradójico que nuestros enemigos crean mas en la posible vuelta de los fascismos que nosotros mismos. Para todos aquellos hombrecillos “políticamente correctos” del sistema, el fantasma fascista siempre esta allí para asustarlos, pero entre los mismos fascistas lo que más abunda en estos días es el pesimismo. Esto es así porque los actuales fascistas se deprimen y descreen en virtud de las instituciones represivas y los manejos cada vez mas desvergonzados por parte de los medios de difusión, pero en los círculos de poder se da el caso contrario, allí se alarman ante el avance de cualquier grupo que tenga un atisbo de nacionalismo popular. Esto es así porque el sistema sufre una crisis velada para el común de la gente, se trata del fin del racionalismo y no saben que hacer al respecto.
Pero el sistema podrá encarcelar y/o matar a los hombres, pero no a sus ideas. La historia es cíclica y a esta Era le ha llegado su hora. La mejor prueba de eso es, como ya lo hemos dicho en otros escritos, que occidente atreviese por el nihilismo. Como dijera Giorgio Locchi (el autor de “La esencia del fascismo”, libro que recomendamos), actualmente atravesamos por el “interregnum”, esto es, el camino medio que hay entre la moribunda Era judeocristiana racionalista y el revolver anímicamente a nuestro pasado occidental pre-cristiano vitalista.
Nos puede resultar deprimente ver a la juventud de nuestros pueblos consumirse con pastillas y discotecas, pero allí no hay ideas, allí hay descreimiento, allí no hay fe alguna ni mucho menos impulsos anímicos. Es una “generación en la nada” y es que esta época sólo da lugar a dos tipos de individualidades: el nihilista o el superhombre... y las mayorías son nihilistas.
Partiendo de estas consideraciones es que llegamos a las siguientes conclusiones:
1. Para llegar a la revolución absoluta debemos empezar por la revolución cultural y este ámbito es el que debe corresponder a las organizaciones NS. Los NS están actualmente imposibilitados de participar en la política partidista debido a la represión por parte del sistema. Sin embargo, para la participación directa partidista, que también es necesaria y fundamental para la revolución, debemos valernos de la alternativa NR.
2. Por lo tanto, las organizaciones NS deben ponerse de lleno en la labor de la difusión de nuestro ideal y esto no debe circunscribirse únicamente a la difusión libresca del mismo. Por cierto, la difusión de nuestros libros es fundamental y debe ampliarse (lamentamos que algunas webs camaradas hayan sacado sus bibliotecas virtuales, tal cosa implica un verdadero retroceso en nuestra lucha), pero lo que queremos decir es que también se puede ir mas allá, dando lugar a una formación en el ámbito humano relacionado con asociaciones de corte cultural donde, por ejemplo, se den charlas de formación, cursos y demás. Además, es importante el grupo de pertenencia, mas aún en los jóvenes, y en esto último no debe ser desestimado, aunque a muchos pese, los movimientos skinheads.
3. Muchos NS desprecian a los skinheads, los consideran tan solo una tribu urbana que en poco se diferencia de otras, los ven ignorantes, borrachos, gratuitamente violentos y contrarios a todo ideal NS. Pero tales preconceptos no son del todo exactos. En esto deberemos entrar de nuevo en el campo de los “grises”. Porque la realidad es que dentro de los skinheads hay de todo, ciertamente abundan los que poca idea tienen del nacionalsocialismo, pero, por otro lado, hay muchos que son verdaderos idealistas ávidos de llevar adelante la revolución. Y es que si los skinheads no se definen entre ser tan solo una tribu urbana más (signada por la inmadurez adolescente) o ser un verdadero movimiento revolucionario juvenil, es por culpa de aquellos “viejos” NS que les dan la espalda. Ciertamente muchos skins son individuos difíciles de tratar y hasta ignorantes y lúmpenes, pero, repetimos, hay entre ellos verdaderos idealistas, con muchos cojones para llevar adelante la revolución. Por otra parte, el NS de hoy en d

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